Hace unos días escuché una conversación (sin querer), entre dos personas que estaban tomando un café; resulta que a una de ellas se la había muerto su perro después de haberlo tenido 15 años con ella y, a los pocos días, le robaron el coche recién estrenado,  la amiga le decía, tienes que ser positiva no te puedes derrumbar, la vida sigue, mira todo lo que te rodea.

La verdad es que como estábamos en la terraza de una cafetería con un encanto especial, rodeada de plantas y flores en plena primavera de Madrid -ya sabemos lo lindo que se pone todo con el sol después de las lluvias- era realmente imposible pensar en negativo, saboreando ese delicioso café, daban ganas de decir, la vida es bella, aunque, si nos ponemos en la piel de esa pobre chica, quizá no bastaba con mirar en derredor.

Tener pensamiento positivo es bueno, nos ayuda a paliar los avatares de la vida, nos hace proactivos antes que víctimas y, posibilita, canalizar nuestras energías hacia la solución, el cambio y las oportunidades; pero, no se trata de algo mágico, en el caso que os relataba en el párrafo anterior, no creo que resulte tan sencillo para alguien encontrar el lado positivo de esos acontecimientos, con solo decirle piensa en positivo, sobre todo y, teniendo en cuenta, que a la mayoría nos educan para ser infelices ante la desgracia.

Ser positivos implica estar preparados para serlo, existen una serie de fortalezas que entrenándolas hace posible que podamos enfrentar las adversidades de la vida y, que sea más fácil pensar en positivo. Todos hemos tenido que afrontar en algún momento, un hecho doloroso o una desgracia, algunos la habremos solventado con mayor o menor dificultad y, salido mejor o peor parados emocionalmente, el estar preparados nos va a dar la ventaja de hacernos más fuertes ante la adversidad y, poder aprovechar cualquier oportunidad que pueda existir.

No se trata de evadir el problema con un simple pensamiento positivo, porque como lo expone Rocío Galván, en un artículo de El Mundo.es, sobre el punto de vista del psicólogo Juan Cruz: “El positivismo falso hace el mismo daño que el exceso de negatividad. Es el extremo opuesto e impide que el individuo conecte con sus emociones y problemas, lo que evita el cambio y la superación […] El efecto perverso de este exceso de motivación desmedida es la frustración que se genera en el individuo cuando no se cumplen las expectativas. Es entonces cuando cunde el desánimo».

En varias oportunidades he expuesto la importancia y el papel que juega nuestra mente y los pensamientos que generamos, en el éxito de nuestra vida, son estos pensamientos los que nos van a permitir manejar mejor nuestras emociones y conductas y, los que nos darán la oportunidad de estar más o menos preparados  para afrontar hechos traumáticos de nuestro existir, se trata, entonces, de aprender a generar una forma de pensar adecuada y, por consiguiente de saber relacionarnos con el mundo para conseguirlo, a través de disciplinas como el coaching y la PNL, se consiguen verdaderos y permanentes cambios al respecto.

El psicólogo Juan Urra en su estudio ‘De optimismo también se muere’, señala 3 áreas importantes en las debemos entrenarnos para conseguir estas fortalezas y, conseguir un positivismo que nos ayude a aumentar nuestra capacidad de recuperación de las desgracias y trastornos psicológicos:

La inteligencia emocional: “…aprender a tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones y adoptar una actitud empática y social para lograr un mayor desarrollo personal.

La resilencia: “Es la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y salir fortalecido o transformado por experiencias de adversidad. […] ha quedado demostrado que no se nace resilente ni se adquiere de forma natural, esto depende de la persona y su entorno humano”.

La sabiduría y el conocimiento, esto se consigue a través de entrenar una serie de actitudes como: Curiosidad, interés por el mundo; Amor por el conocimiento y el aprendizaje; Amor, apego, capacidad de amar y ser amado; Amabilidad, generosidad, bondad; Inteligencia emocional, personal y social; Sentido de la justicia, equidad, imparcialidad; Capacidad de perdonar, misericordia; Apreciación de la belleza y excelencia, Civismo y trabajo en equipo, Sentido del humor, entusiasmo; Auto-control, auto-regulación; Mentalidad abierta; Creatividad; Perspectiva; Valentía; Perseverancia; Honestidad; Vitalidad; Liderazgo; Modestia y humildad; Prudencia; Gratitud; Esperanza; Espiritualidad.

Y ahora que ya sabéis todo sobre el positivismo, ¿cuáles dirías que ya posees y cuáles te faltan entrenar? Os invito a estar preparados para los avatares de la vida, entrenarlas y desarrollarlas, para que podáis conseguir ser mejores personas y estar preparados y fortalecidos ante cualquier difícil situación y, poder enfrentarlas con positivismo.

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