La preocupación es un tema que particularmente me interesa mucho, sobre todo porque soy muy “preocupona” como dice mi hermana, suena gracioso, pero es algo contra lo que lucho permanentemente; sé que es dañina, porque es como una intoxicación mental que aumenta nuestro nivel de estrés.

 Y como ya sabemos, es causa de muchas otras enfermedades, y lo principal,  nos aleja de la felicidad. El Dalai Lama dice, “cuando la mente está tranquila y ocupada con pensamientos positivos, es más difícil que el cuerpo enferme”.

Recuerdo mucho un ejercicio mental que me animaba a practicar un psicólogo amigo, piensa me decía, ¿Cuanto más preocupada estás crees que se solucionará más rápido el problema en cuestión?…No, respondía. ¿La preocupación hará que encuentres una solución efectiva?…No, respondía. Entonces no te preocupes me contestaba, el tiempo que usas en estar preocupada puedes usarlo en encontrar la solución, y si no hay solución, para qué te preocupas, preocupándote no cambiarán las cosas, lo que sucedió o sucederá así será, además la preocupación nubla nuestro intelecto y nos deja pensar con claridad, parece un trabalenguas, pero creo que tenía toda la razón.

La preocupación nos aleja de la felicidad, porque nos ata al pasado, o nos sitúa en un futuro irreal, en un tiempo que no sabemos cómo será, también creo que no se trata de ir por la vida como si nada nos importara, pero creo que todo tiene su justa medida. En un artículo del periódico digital ‘Neo Fronteras’ decía que ”…la inteligencia y la felicidad son inversamente proporcionales. A veces da la impresión de que la gente más tonta suele ser la más feliz. Si por más feliz entendemos que es la menos preocupada puede ser que haya algo de verdad… Sin embargo, la capacidad de preocuparse en nuestra especie permitió a los individuos del pasado evitar situaciones peligrosas, aunque el peligro fuera remoto… Según esto, al igual que la inteligencia, la preocupación proporcionaría un beneficio a nuestra especie.”

Sabido esto, creo que cuando la preocupación es sana nos moviliza y nos lleva a la acción, entonces cómo podemos distinguir cuando es justo preocuparnos, creo que cuando nos permite enfrentar los problemas y encararlos,  encontrarles una solución, entonces la ansiedad y el temor que sentimos nos ayuda a pasar a la acción. Si no hay solución, olvidar, y no volver a pensar en el tema, porque de lo contrario nos conduce a una preocupación que ocupa todos nuestros pensamientos volviéndose crónica y obsesiva, hasta el punto de causarnos un gran sufrimiento

Encontramos una reflexión interesante sobre lo poco útil que son las preocupaciones en el blog ‘Éxito y Superación Personal’ : “Todos hemos cometido errores…es parte del pasado de todos y no importa que haya sucedido, nada puedes hacer para cambiarlo. Pero podemos aprender de esta experiencia y seguir adelante…Del mismo modo, nadie conoce el futuro. Nadie puede predecir qué va a pasar mañana y sin embargo gastamos mucho tiempo tratando de hacer exactamente eso y nos preocupamos por todas las cosas que podrían salir mal”, tenerlo en cuenta cuando aparezca en nuestra mente alguna preocupación.

Los psicólogos aconsejan algunas pautas para combatir la preocupación:

  • Cuando aparezca, pregúntate: ¿Mi preocupación hará que se solucione más rápido el problema? Te permitirá  tomar conciencia de la realidad, si es realmente grave la situación y qué hacer para cambiarla.
  • Debes plantearte: ¿Qué puedo hacer? Todas las alternativas son válidas, en principio; plantear todas las alternativas, sopesarlas, elegir la que consideramos más adecuada. El paso siguiente es ponerla en práctica inmediatamente.
  • Cuestiona la situación: ¿De qué me estoy evadiendo en este momento presente, qué estoy evitando?, muchas veces preferimos ocupar nuestros pensamientos con preocupaciones para evadirnos de situaciones actuales y reales.
  • Vive el presente: ¿Qué probabilidad hay de que ocurra, de dónde viene ese temor? ¿Es algo realmente mío, o de dónde vienen esos pensamientos?
  •  Si consideras que tu preocupación es tan grave que te ves paralizado o te genera gran sufrimiento, recurre a un profesional.

También creo que es importante que tengas una actitud positiva de la vida, mejor ver el vaso medio lleno que medio vacío, ríete mucho, disfruta la vida, celebra tus éxitos por simples que sean, y sobre todo evita sentimientos y pensamientos negativos. No olvides que nuestra mente es muy poderosa y que somos capaces de modificar nuestros pensamientos para vivir más felices, o como dice Bob Marley,  “no te preocupes, sé feliz; en la vida todos tenemos problemas; si te preocupas, los duplicarás; no te preocupes, sé feliz”. Don’t Worry Be Happy.

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